Sin duda, los trastornos de alimentación, como la anorexia, la bulimia y la obesidad, son problemas emocionales multicausales. No podemos reducirlos a que son trastornos causados por el prototipo de mujer u hombre que la sociedad impone. No se trata de un problema de “querer estar delgado” ni un problema de “no quiere comer”, como muchas veces se oye. Eso son los síntomas, la manera de manifestarse un problema mucho mayor y que no tiene nada que ver con la comida ni la estética. De la misma manera que la fiebre es un síntoma de infección.

Pero sí es cierto que este prototipo de la sociedad, es un factor más, un factor predisponente, un ingrediente más para conseguir como resultado un trastorno de alimentación. La sociedad somos todos y es difícil cambiar de manera general este prototipo, pero sí hay cosas que de manera individual podemos hacer para no añadir ese ingrediente. Entre otras cosas, porque la mayoría de las veces no sabemos por qué puede estar pasando la persona con la que hablamos, por mucho que pensemos que la conocemos. Por eso, familiares y amigos, tardan años en descubrir que su hija o mejor amiga, tiene un trastorno de la alimentación.

¿Qué podemos hacer? Tener cuidado con los comentarios que hacemos sobre la figura y la estética de los demás. Este es otro factor predisponente: los comentarios de otras personas, de hermanos o compañeros de clase, que muchas veces se burlan del cuerpo de otro, atacándole. Cuidado con los motes, como el tan usado “gordi”. Los niños y adolescentes son muy literales y aunque un adulto se lo diga con “cariño”, lo pueden malinterpretar. ¿qué tal si ese cariño lo expresamos, en vez de con “gordi”, con “amor”, “cielo”, “cari”,…? Seguro que crea menos confusión y problemas.

Otro aspecto a tener en cuenta es el alabar a una persona que de repente empieza a adelgazar. ¿Lo necesitaba? ¿está viendo a algún nutricionista o médico? ¿por qué está adelgazando? ¿qué está haciendo? ¿hace ejercicio? ¿qué tipo de dieta? Muchas veces vemos a alguien más delgado, y los motivos y las maneras de hacerlo pueden ser erróneas, pero sólo vemos el resultado, y aunque pueda ser cierto que estéticamente esté “mejor”, podemos estar reforzando una mala manera de adelgazar, y motivando a que siga haciéndolo así, ayudando a perpetuar un trastorno de alimentación.

Un dato más: uno de los factores desencadenantes (que hacen que se inicie un trastorno de alimentación), es hacer dieta.

Y ahora, ¿vas a pensar lo que le dices a alguien cuando veas que ha adelgazado?