Está muy extendida la frase de “mejor un cachete a tiempo” o “a ese niño lo que le pasa es que no ha tenido un cachete a tiempo”. ¿Pero qué significa un cachete? Con un cachete queremos decir un golpe con la mano abierta de intensidad baja a media, en el culete o en la cara. Sin duda, no se trata de una paliza, ni de un puñetazo o un golpe fuerte, ni va a traumatizar a ningún niño porque le demos alguno de vez en cuando.

Su eficacia se basa en que interrumpe el bucle en el que se ha metido al niño. Lo rompe porque cambia el foco de atención de aquello que estuviera haciendo, al dolor que le puede producir el cachete que le damos. A corto plazo tiene efecto.

Pero vamos más allá. ¿Cuándo se lo damos? Normalmente después de unos minutos en los que el niño está siendo insistente o no obedece, a pesar de que le decimos que pare, o “no” a algo. ¿Cómo nos sentimos nosotros? Nos vamos poniendo nerviosos, frustrados porque no hace caso, si estamos en público hasta podemos sentir vergüenza. Hasta que llega un punto en el que estallamos y le damos al niño ese cachete. ¿Cómo nos sentimos ahora? Más tranquilos, hemos hecho algo para parar ese comportamiento, aunque puede que ahora el niño llore más, o más fuerte, o incluso grite. Conclusión: el cachete se lo ha llevado el niño por no tener nosotros autocontrol o por una falta de recursos, es decir, no saber actuar de otra manera frente a esa actitud que estaba teniendo el niño.

¿Qué ha aprendido el niño? Que debe tener cuidado porque papá o mamá pega. Esta es una reacción de miedo y no de respeto, y probablemente te gustaría que tu hijo te tenga respeto y no miedo. También ha aprendido que en situaciones en las que no nos hacen caso o no conseguimos lo que queremos, podemos pegar al otro. Incluso, que cuando estamos nerviosos podemos pegar. Sin embargo, cuando el niño pegue a otro niño, siguiendo tu ejemplo, probablemente le digas que eso no se hace. Lo cual para él es un mensaje contradictorio, porque sí se hace. Y con los mensajes contradictorios nos quitamos la autoridad, nuevamente.

Por otro lado, hay niños que se van volviendo insensibles a esos cachetes ocasionales, y a las amenazas de que van a ocurrir. Por lo tanto, para obtener el mismo efecto, necesitamos aumentar la intensidad del cachete, o la frecuencia. Y puede que te veas en una dinámica que no te gusta y que no habías pensado antes.

Para evitar esos cachetes, habrá que ir a la causa de que el niño se esté comportando así ¿está aburrido? ¿está nerviosos? ¿está muy excitado? ¿por qué está así? ¿qué le ha causado ese estado? Y darle una alternativa de comportamiento. Si le decimos que no se puede saltar en la cama, no podemos prohibírselo y ya está, que se quede quieto y sentado. En este ejemplo, a lo mejor necesita soltar energía, pues podremos salir a la calle para que corra, montar en bici, bailar, hacer gimnasia, jugar con él,…